Américo Castellanos
miércoles, octubre 04, 2006

La poesía
…comienza la poesía en el barro
en el piso donde estaremos
entre el polvo y el sol abrasivo
entre el paréntesis en el que estuvimos.
El primer paso del poeta
se dio entre piedras
que al comienzo eran blandas,
suaves y alegres como rosas.
El primer verso se escribió
en la sierra, que de niña
siempre soñó
con ser un frondoso valle.
El primer verso se inspiró
en el amor máximo de Dios.
Se escribió en una hoja de gomero,
se leyó cuando el sol expiró.
El primer dolor del poeta
se fraguó a la sombra de una rama.
Y la piedra que por primera vez se lanzó
salió de una mano que busco el dolor.
El primer poema se fundó
en la primera piedra.
Esta se deslizo debido al celo;
sentimiento fundacional del amor.
El amor no nace del amor,
más bien por la falta de aquel.
Y antes de la cardinalidad
ya existía la desidia de la hiel.
Curtido el poeta de pena
se sentó y meditó.
Cuando nació el segundo verso
apareció el segundo amor.
Apareció la cara ambivalente del cuerpo
que al carecer de manos para el tacto
parió el beso para guardar
entre ellos el tercer verso del poeta.
El poeta, caritativo por naturaleza
Cedió el verso y lo clavó
entre el paréntesis de los labios
para fundar el primer amor.
De Dios el amor y del hombre el cuerpo.
Del amor se crearon los sentimientos
y del andar se creo la historia de la poesía
que es el primer amor.
martes, julio 25, 2006

Dos granitos de azúcar
Sobre la mesa.
Sobre el mantel y el individual
a un lado del té con sabor a miel
están inmóviles, dos granitos de azúcar.
Apartados del camino
donde se vuelven un alma con la miel
están parados uno frente al otro
mirándose, coqueteándose.
Ambos se comparan
con un granito de mostaza.
y son ellos pequeños, dulces y a veces arrogantes
pero nunca como un granito de mostaza.
Y sucede que son iguales,
ya que vienen de un mismo lugar
pero se ven diferentes, y se dicen:
“Tu eres blanco, y yo…también”
El mismo azucarero, el mismo espacio,
la misma cuchara –cual azote del destino-
los lleva por el camino donde fueron a caer
por un extremo de la taza a un fin nuevo.
El mito de los granos de azúcar:
“Consiste en la inmortalidad de su dulzura
-que es su cuerpo- al calor del té”.
Y su Dios, es la miel, que es más dulce que todos los granos a la vez.
Tristes los dos granitos de azúcar
piensan en la soledad, en su eterna dulzura
en la blancura de su forma cúbica,
mas no piensan en ambos. No se necesitan.
Ellos, pequeños se miran y miran
a unos granitos de sal más pequeños.
Pero en el altar del paladar
son separados por que siguen siendo, azúcar y sal.
¿Qué hacen dos granitos de azúcar solos
parados al lado de una taza de té sobre un individual?
Buscan la respuesta a su soledad
Y no se dan cuenta que ellos son los solo dos granitos y nada más.
viernes, julio 21, 2006

Primera parte: “Lazarus - Porcupine Tree”
Serían ya las cinco de la tarde y aun no llegaba este tipo. Maturana, Mateluna, puta no me acuerdo, pero cuando hablé con el en la mañana, me dijo: “dos o tres preguntitas, nada más”. Para mí, que toda pregunta abarca deambular por largos pasajes de mi vida, no me pareció. Pero como todo artista nuevo, tenia que hacerlo. La verdad es que no tengo muchas ganas de invitarlo a mi casa, pero como me pilló durmiendo no hay de otra. Considerando que anoche estuve bebiendo y tocando mi guitarra hasta tarde en la noche, incluso es más cierto que yo mismo en mi sopor lo haya invitado.
Escucho a Rush en la radio. Puta, que seria de mí sin la radio. Mejor dicho que sería de mi sin la música. Que tipo de terapia seguiría para no terminar volviéndome loco. Loco y siendo un mercenario. Loco trayendo un hijo a este desgraciado mundo, loco y casado. Hace un par de años conversaba con un amigo y me decía que la locura y la cordura tenían ambas un poco de la otra. Ahora entiendo, para ser un cuerdo músico tuve que estar cinco locos años llenos de desenfreno pacato estudiando pedagogía en educación básica. Me parece gracioso estar diciendo esto, sobre todo por que en todos mis años como profe o como estudiante nunca llegue a pensar que hablaría de mi profesión como un hecho pasado. Suena el timbre. Salgo disparado para abrir la puerta, no sea cosa que por tanto refunfuñar este tipo se fuera y perdiera mi veintiunica oportunidad de salir en la prensa. Y ahora que lo pienso bien, siquiera sé de cual medio es. ¿Hola que tal?, lo que recibí al abrir la puerta. Adelante por favor ¿hace mucho frió afuera? lo que pasa es que no he salido en todo el día. Entra y pisa la alfombrilla. Si un poco, contesta. Tan agarrotado estaba con la idea de la entrevista que no me di cuenta que la persona que me contestaba no era un tipo, si no una tipa. ¡Por eso le dije que viniera a mi casa!, ahora me encaja. Jamás invitaría a un tipo por que sí a mi casa, creo que eso lo tengo desde que soy cabro chico. Mi mamá jamás invitaba a nadie a pasar si este no era de la familia o por lo menos alguien con cierta tradición familiar. A excepción de las señoras que venían a probarse vestidos con mi mamá, que era modista y les arreglaba sus vestidos o pantalones, y siempre eran medio gordas y poco atractivas, y a veces hasta medias pasadas de sudor. Al principio cuando era más pequeño pensaba como un caballerito y evadía la verdad pensando en que justo ese día trágico ellas habían tenido mucho que hacer en sus casas, pero con el tiempo le di la razón a mi hermano. Eran viejas cochinas.
Ya había terminado la canción en la radio, y fue en ese momento que me trajo de nuevo a la conversación. ¿Cuántos años llevas viviendo aquí? me preguntó, sentada en una silla que me había regalado un ex suegro que había tenido. Viejo bastante pudiente y caliente por lo demás, que le ponía el gorro a mí suegra de ese entonces y no sé por que me encontraba tan simpático. Para terminar de explicar este asunto diría yo que fue por que siempre me metía cuando alegaban con mi suegra de ese entonces y mediaba a la cordura y le salvaba el culo al viejo. Tres años- contesté. ¿Oye y vives solo?, me gusto esa pregunta no se por que, al parecer supuse en algún instante que podía ser un atisbo de interés más que periodístico. Si, desde hace cinco años. Tenía la carita empalada y las manos blancas. ¿Quieres un café?, agregué caballerosamente. ¡Ya!, sí. Tenía mucho frío.
¿No te molesta que fume acá dentro? Puta ya empezamos, después de lo que le voy a decir apuesto que configura las respuestas de la entrevistas para que parezca que soy un relamido y pesado huevon. No, pero no fumo en mi casa –aquí viene la respuesta sincera pero torpe- la verdad es que es una costumbre desde que vivía en la casa con mis papas. Jamás fumaba adentro, a lo más en el dormitorio. Esperaba risas, pero nada. Salgo a ver y estaba mirando unos libros de la mesa de centro. Me parecía linda, muy linda, incluso debo decir que me gustó. Le sirvo el café. Le echa dos cucharadas de azúcar y lo deja. Tomo un vaso y me sirvo vino. Un rico vinito, como diría mi amigo Rodrigo, cumpas desde la universidad. ¿Que será de él ahora?, me asalta poderosamente la atención. Luego de que se vaya la niña lo voy a llamar, ojalá todavía viva con su mujer y niño donde mismo, si no estoy perdido. ¿Oye no tienes otro poquito de vino para mi?- me reclama. Asalto de vergüenza -Perdona, no se me ocurrió, puta lo siento por fa siéntate que enseguida te traigo vinito- Algo nervioso y fuera de mi. Parece que ya la cague, más bobo voy a aparecer en la entrevista.
- Esta bueno, ¿te parece si empezamos luego?- pregunta.
- En honor del tiempo, por supuesto.
Aunque al principio mi temeridad pudo desmembrarse como un árbol en otoño, el vinito ayudó para que me soltara un poco, y adelante con las preguntas.
- ¿Como empezaste en la música?- asalto de duda.
- ¿Ya empezaste la entrevista?- pregunte.
- No, trato de contextualizarnos en tu música, así puedo escribir una reseña tuya y luego las preguntas las voy haciendo entre tema y tema.
Lo más complejo habría sido que me empezara a preguntar de inmediato cosas puntuales, no estaba preparado realmente para la entrevista. Me sentí como un cabro chico.
- Mira exactamente no sabría por donde empezar, pero creo que la respuesta es que yo empecé a hacer música desde la primera vez que la escuche. Me esperas un segundo, voy a cambiar la música.
Traigo toda la carne de la que dispongo para asegurar el triunfo de mi retórica y coloco a Michael Bubblé, un buen ritmo sincopado no me hará mal. Sereno escucho I feel good.
- ¿Te gusta?, se llama Michael Bubblé es un tipo canadiense que hace swing, es bueno.
- Entonces eres más melómano que un músico a secas.
- Diría yo que hago música por la necesidad de escuchar música- Comento a secas y suena bien, después de todo, en mi vida o en un relato de mi vida, le doy el tinte que quiero a mis hechos.
Paro cada unos segundos para pensar. Su rostro me trae los deseos más intensos de besarla, es linda, suave y tierna. Su rostro es bello, pero es su forma de moverse, de beber, de preguntarme.
- ¿Cuando piensas sacar el disco?- Pregunta tratando de encaminar nuevamente la pregunta. Parece que se dio cuenta de que la mirada como la miraba.
Me preguntó un par de veces acerca de la música y de cómo era vivir de la música, no se que pensará ella respecto de la música, pero algo le llamaba la atención de mi manera de hablar.
miércoles, junio 28, 2006
- Segunda parte: “You're Not Alone - Eleven”
- Sabías que las ciudades son accidentes que no prevalecerán
Frente a los árboles.......
(Jorge Teillier, Poeta de este mundo 1971)
Al despertar sentí el humo de los cigarros que me había fumado la noche anterior aún suspendido sobre mí. Cuando logré incorporarme, después de la resaca de las cervezas, me di cuenta que el humo estaba estacionado solo unos centímetros más arriba sobre la superficie de la cama, así que cuando me levante fue como sobrepasar las nubes, ver el sol de frente y sufrir por el destello sobre los ojos. Un café express –que venden en los supermercados- y desnudo a la ducha. En la ducha pensé en el café, en que verdaderamente me podría haber dotado de expressividad, por que la resaca que tenia engarzada en el cuerpo ni en una tarde me la arrancaba o me desmarcaba de ella. Luego de salir me acorde de lo hermoso de los sábados, por lo menos por el hecho de que no tenia que trabajar. Se me olvidaba que ya no trabajaba. Así que acto seguido me senté pretendiendo sobrevivir por lo menos hasta la tarde. ¿En que momento se me habrá ocurrido aceptar esa entrevista?, puedo esgrimir a mi favor que estaba muy dormido y embutido en un sopor como en una camisa de manicomio. Tan así que ni siquiera me di cuenta cuando Karina se fue, pero conciente como siempre no me despertó. Ella es una buena mina. Lo sé. Me respeta, yo la respeto. Me conoce, la conozco. Ella es la única mina que me ha mantenido la pieza limpia, yo – según lo que ella me confidenció sin haberlo preguntado- le he brindado momentos fascinantes, sobre el sillón, de masajes. Tirada sobre su espalda en el sillón y sus piernas sobre una mesita, daba la impresión de que se hubiera caído desde un segundo piso inexistente en mi casa, con la cabeza ladeada y los brazos desfallecidos a los lados, ella esperaba que algún hombre la tomara en sus brazos y la llevara hasta el hospital más cercano, movido por la pena y el arraigo hacia su desdeñoso ser. Pero no, ahí estaba yo, que si bien es cierto sí la tomaba en brazos, nunca la deseé como ella hubiese querido ser deseada, pero lo hacía con la intención de abstraerme de la razón y seguir adelante solo conciente del deseo. Prosigo. Ella me cocina, yo le hago buenos tragos. A ella le encanta la literatura. Yo era su escritor predilecto -o por lo menos eso decía-. El poeta que la encantaba con sonetos que siempre la hacían muy feliz. Ella es mi correctora, o mejor dicho mi corregidora. Puesto que aunque en cosas de literatura casi nunca quiere hacer grandes cambios, en la vida siempre me corrige los malos hábitos adoptados por los años en que pase solo antes de estar con ella. Ella me asea la casa, mi cama, mi cuerpo, cuando nos bañamos juntos, y hasta la mente cuando ando perturbado. Yo soy su tranquilidad. Solía decirme: estar hablando contigo es tan desgastador, por lo largo de nuestras charlas, que no he necesitado nunca más de pastillas. Y de pronto después de seis meses de hacernos compañía, se le acabaron sus pastillas. Bueno, primero por que dejó de trabajar en esa pega que la tenia al borde del colapso. Y luego por que yo le dedicaba todo el tiempo que el mundo me ofrecía, para ella. Ella me ama, yo no. Anoche ni siquiera pude tener sexo con ella. Me atormento solo.
Abrí las ventanas de mi casa. Son las dos de la tarde. Paro, miro y me devuelvo, a sentarme en el mismo lugar desde donde me paré para ir a abrir las ventanas, con las enjutas ganas de ir a prender la tele, pero termine prendiendo la radio - ….I don't care what they say, I know what you meant for me that day….. Let me sing you a waltzOut of nowhere, out of my blues... Let me sing you a waltz, About this lovely one night stand – esta canción es de una película que ví hace un par de años. La película era Befote Sunset. Aunque la película era románticamente atractiva, y naturalmente idónea, la canción la sobrepasa claramente en belleza estética y emotiva.
¿Qué me hizo beber tanto? La verdad es que creo que sentirme mal. Por primera vez en mi vida creo que me siento mal.
Cuando me siento vivo, percibo el sabor del aire. Por un instante puedo sentirlo, como si fuera una revelación, como si fuera una aparición de la virgen trayéndome la revelación. Mas cuando me siento mal, creo entender la tragedia, el sino. Nacer y no comprender. Y es por eso que me dejo engullir por el desamparo de los minutos. La abulia me tapa los ojos desde la espalda, la desidia me abraza desde el frente, apega su cara a mi pecho y entrelaza sus piernas con las mías. Y me dejo caer en la cama. La culpa me asalta las ropas y me deja frente al mundo, un mundo que me mira y me pone avergonzado. Un ser lacónico. Quisiera conocer la penitencia de mi pena, pero conocerla sería un alivio. No puedo tener alivio, debo y necesito sentirme mal aunque no me guste. Debo aprender que es lo que no quiero hacer. Pero haciéndolo. No volveré a tocar a Karina. Por lo menos no sobrio.
El sonido de la música que viene desde la ventana es como alcohol en la nariz, para un desmayado como yo. Abro los ojos por segunda vez en la mañana, y cuando me tomo el café, está helado.
Rush, Tool, Incubus, Skunk Anansie, Portishead, la insomne Byork...nada. No es lo que quiero escuchar. Podría demorarme horas para encontrar la música que me traiga devuelta a la taciturna rutina del día de resaca, pero no….The Gathering, el Souvenirs, si, este es. Suena en el equipo, suena en mi cabeza. Me imagino a Mark Renton –en la película trainspotting- cayendo de espaldas, inundado de heroína hasta la punta de los pies. Me siento igual. Caigo en la cama y expulso el humo del cigarro que prendí por necesidad hace un par de minutos. Me encanta esa escena. Me duele la cabeza.
Estoy aislado. Me siento solo, hecho de menos a…nadie. Es raro tener resaca, te abre los poros de la piel y la hace respirar hondo, hasta que sientes el frío en el aire de un día soleado. Pero no te deja vivirlo. Te duele la cabeza, el cuerpo no te da crédito para moverlo con prestancia, eres una película en blanco y negro. Así aprendemos cuando envejecemos por que es mejor el sueño, una cabeza al lado de la tuya por las mañanas que mirar con ternura, por que planchar la ropa los domingos, en fin, dejar de ser rebeldes de la puerta de la casa de nuestros padres hacia el mundo.
Afuera todo anda rápido, incluso el sol. Cuarto tema (canción), cuarta emoción. La música corre galopante por el éter de mi cuarto, y yo, quieto, pensando en el amor. Cual escritor maldito la he dejado atrás, después que me serví, durante todo mi desarrollo impúber y arrogante, de su nobleza. Me doy a la razón de que su amor me golpeó con constancia, siempre, mas nunca con mansedumbre. Por eso no estamos juntos, me avergüenzo, me duele y la extraño. Necesito verla. Madre.
“…Hey na, na, innocence is over, over…Hey na, na, Ignorance is spoken, spoken…arrogance is potent, what i see is unreal, I’ve writen my own part, eat of the apple so young…, me visto.
Si he de estar todo el día aquí, mejor voy y compro el diario, no es muy tarde deben de haber algunos quioscos abiertos. Abrocho el cinturón, tomo las llaves y me voy. Espero mejorar mi humor antes que llegue el periodista…espero que llegue.
Un corazón triste se fatiga al cabo
de una milla.
(Shakespeare, Cuento de invierno)
¿Vas a caminar conmigo alguna vez?
Si te cansas te cargo
si me canso, tú me alegras.
Seremos apoyo y fé.
Y cuando pasen los años
seguiremos siendo dos respiros
profundos caminando.
Y ese espacio conciente será
nuestro epitafio.
Nada pasa, todo queda
se establece entre el sol y la noche
allí donde tú deseas
donde solo tú te escondes.
Abre venido muy tarde al mundo
o tu inquietud de niña
te trajo en camino errabundo
al altar de la vida.
Mas estamos, quedamos y hablamos.
presintiendo que el tiempo vuela
que mezquino se entretiene en nuestra puerta
y luego se va olvidando todo lo pactado.
El tiempo tiene malas mañas
se acuesta en el patio,
siembra en su cama
y trabaja en tiempos demorados.
Hay que rezar para ganar
y contar para demorar.
Tú cuéntame tus secretos
que yo los escribo y los vuelvo sonetos.