martes, julio 25, 2006


Dos granitos de azúcar

Sobre la mesa.

Sobre el mantel y el individual
a un lado del té con sabor a miel
están inmóviles, dos granitos de azúcar.

Apartados del camino
donde se vuelven un alma con la miel
están parados uno frente al otro
mirándose, coqueteándose.

Ambos se comparan
con un granito de mostaza.
y son ellos pequeños, dulces y a veces arrogantes
pero nunca como un granito de mostaza.

Y sucede que son iguales,
ya que vienen de un mismo lugar
pero se ven diferentes, y se dicen:
“Tu eres blanco, y yo…también”

El mismo azucarero, el mismo espacio,
la misma cuchara –cual azote del destino-
los lleva por el camino donde fueron a caer
por un extremo de la taza a un fin nuevo.

El mito de los granos de azúcar:
“Consiste en la inmortalidad de su dulzura
-que es su cuerpo- al calor del té”.
Y su Dios, es la miel, que es más dulce que todos los granos a la vez.

Tristes los dos granitos de azúcar
piensan en la soledad, en su eterna dulzura
en la blancura de su forma cúbica,
mas no piensan en ambos. No se necesitan.

Ellos, pequeños se miran y miran
a unos granitos de sal más pequeños.
Pero en el altar del paladar
son separados por que siguen siendo, azúcar y sal.


¿Qué hacen dos granitos de azúcar solos
parados al lado de una taza de té sobre un individual?
Buscan la respuesta a su soledad
Y no se dan cuenta que ellos son los solo dos granitos y nada más.