miércoles, junio 28, 2006

  • Segunda parte: “You're Not Alone - Eleven
  • Sabías que las ciudades son accidentes que no prevalecerán
    Frente a los árboles.......
    (Jorge Teillier, Poeta de este mundo 1971)

    Al despertar sentí el humo de los cigarros que me había fumado la noche anterior aún suspendido sobre mí. Cuando logré incorporarme, después de la resaca de las cervezas, me di cuenta que el humo estaba estacionado solo unos centímetros más arriba sobre la superficie de la cama, así que cuando me levante fue como sobrepasar las nubes, ver el sol de frente y sufrir por el destello sobre los ojos. Un café express –que venden en los supermercados- y desnudo a la ducha. En la ducha pensé en el café, en que verdaderamente me podría haber dotado de expressividad, por que la resaca que tenia engarzada en el cuerpo ni en una tarde me la arrancaba o me desmarcaba de ella. Luego de salir me acorde de lo hermoso de los sábados, por lo menos por el hecho de que no tenia que trabajar. Se me olvidaba que ya no trabajaba. Así que acto seguido me senté pretendiendo sobrevivir por lo menos hasta la tarde. ¿En que momento se me habrá ocurrido aceptar esa entrevista?, puedo esgrimir a mi favor que estaba muy dormido y embutido en un sopor como en una camisa de manicomio. Tan así que ni siquiera me di cuenta cuando Karina se fue, pero conciente como siempre no me despertó. Ella es una buena mina. Lo sé. Me respeta, yo la respeto. Me conoce, la conozco. Ella es la única mina que me ha mantenido la pieza limpia, yo – según lo que ella me confidenció sin haberlo preguntado- le he brindado momentos fascinantes, sobre el sillón, de masajes. Tirada sobre su espalda en el sillón y sus piernas sobre una mesita, daba la impresión de que se hubiera caído desde un segundo piso inexistente en mi casa, con la cabeza ladeada y los brazos desfallecidos a los lados, ella esperaba que algún hombre la tomara en sus brazos y la llevara hasta el hospital más cercano, movido por la pena y el arraigo hacia su desdeñoso ser. Pero no, ahí estaba yo, que si bien es cierto sí la tomaba en brazos, nunca la deseé como ella hubiese querido ser deseada, pero lo hacía con la intención de abstraerme de la razón y seguir adelante solo conciente del deseo. Prosigo. Ella me cocina, yo le hago buenos tragos. A ella le encanta la literatura. Yo era su escritor predilecto -o por lo menos eso decía-. El poeta que la encantaba con sonetos que siempre la hacían muy feliz. Ella es mi correctora, o mejor dicho mi corregidora. Puesto que aunque en cosas de literatura casi nunca quiere hacer grandes cambios, en la vida siempre me corrige los malos hábitos adoptados por los años en que pase solo antes de estar con ella. Ella me asea la casa, mi cama, mi cuerpo, cuando nos bañamos juntos, y hasta la mente cuando ando perturbado. Yo soy su tranquilidad. Solía decirme: estar hablando contigo es tan desgastador, por lo largo de nuestras charlas, que no he necesitado nunca más de pastillas. Y de pronto después de seis meses de hacernos compañía, se le acabaron sus pastillas. Bueno, primero por que dejó de trabajar en esa pega que la tenia al borde del colapso. Y luego por que yo le dedicaba todo el tiempo que el mundo me ofrecía, para ella. Ella me ama, yo no. Anoche ni siquiera pude tener sexo con ella. Me atormento solo.

    Abrí las ventanas de mi casa. Son las dos de la tarde. Paro, miro y me devuelvo, a sentarme en el mismo lugar desde donde me paré para ir a abrir las ventanas, con las enjutas ganas de ir a prender la tele, pero termine prendiendo la radio - ….I don't care what they say, I know what you meant for me that day….. Let me sing you a waltzOut of nowhere, out of my blues... Let me sing you a waltz, About this lovely one night stand – esta canción es de una película que ví hace un par de años. La película era Befote Sunset. Aunque la película era románticamente atractiva, y naturalmente idónea, la canción la sobrepasa claramente en belleza estética y emotiva.

    ¿Qué me hizo beber tanto? La verdad es que creo que sentirme mal. Por primera vez en mi vida creo que me siento mal.

    Cuando me siento vivo, percibo el sabor del aire. Por un instante puedo sentirlo, como si fuera una revelación, como si fuera una aparición de la virgen trayéndome la revelación. Mas cuando me siento mal, creo entender la tragedia, el sino. Nacer y no comprender. Y es por eso que me dejo engullir por el desamparo de los minutos. La abulia me tapa los ojos desde la espalda, la desidia me abraza desde el frente, apega su cara a mi pecho y entrelaza sus piernas con las mías. Y me dejo caer en la cama. La culpa me asalta las ropas y me deja frente al mundo, un mundo que me mira y me pone avergonzado. Un ser lacónico. Quisiera conocer la penitencia de mi pena, pero conocerla sería un alivio. No puedo tener alivio, debo y necesito sentirme mal aunque no me guste. Debo aprender que es lo que no quiero hacer. Pero haciéndolo. No volveré a tocar a Karina. Por lo menos no sobrio.

    El sonido de la música que viene desde la ventana es como alcohol en la nariz, para un desmayado como yo. Abro los ojos por segunda vez en la mañana, y cuando me tomo el café, está helado.

    Rush, Tool, Incubus, Skunk Anansie, Portishead, la insomne Byork...nada. No es lo que quiero escuchar. Podría demorarme horas para encontrar la música que me traiga devuelta a la taciturna rutina del día de resaca, pero no….The Gathering, el Souvenirs, si, este es. Suena en el equipo, suena en mi cabeza. Me imagino a Mark Renton –en la película trainspotting- cayendo de espaldas, inundado de heroína hasta la punta de los pies. Me siento igual. Caigo en la cama y expulso el humo del cigarro que prendí por necesidad hace un par de minutos. Me encanta esa escena. Me duele la cabeza.

    Estoy aislado. Me siento solo, hecho de menos a…nadie. Es raro tener resaca, te abre los poros de la piel y la hace respirar hondo, hasta que sientes el frío en el aire de un día soleado. Pero no te deja vivirlo. Te duele la cabeza, el cuerpo no te da crédito para moverlo con prestancia, eres una película en blanco y negro. Así aprendemos cuando envejecemos por que es mejor el sueño, una cabeza al lado de la tuya por las mañanas que mirar con ternura, por que planchar la ropa los domingos, en fin, dejar de ser rebeldes de la puerta de la casa de nuestros padres hacia el mundo.

    Afuera todo anda rápido, incluso el sol. Cuarto tema (canción), cuarta emoción. La música corre galopante por el éter de mi cuarto, y yo, quieto, pensando en el amor. Cual escritor maldito la he dejado atrás, después que me serví, durante todo mi desarrollo impúber y arrogante, de su nobleza. Me doy a la razón de que su amor me golpeó con constancia, siempre, mas nunca con mansedumbre. Por eso no estamos juntos, me avergüenzo, me duele y la extraño. Necesito verla. Madre.

    “…Hey na, na, innocence is over, over…Hey na, na, Ignorance is spoken, spoken…arrogance is potent, what i see is unreal, I’ve writen my own part, eat of the apple so young…, me visto.

    Si he de estar todo el día aquí, mejor voy y compro el diario, no es muy tarde deben de haber algunos quioscos abiertos. Abrocho el cinturón, tomo las llaves y me voy. Espero mejorar mi humor antes que llegue el periodista…espero que llegue.